de nada en particular

No había más que una nube en todo el cielo, y pasó antes de que terminara de descubrir todas las emociones que puede causar un poco de agua evaporada, que imita caras, animales, mounstros…
Tal vez los árboles vean pasar nuestras vidas como nosotros las nubes.
Y el agua cae, y nos hace crecer. Y todos nosotros no hacemos más que desarrollar espinas, listas para causar daño a quien nos agrede y a quien nos quiere. Y flores para atraer miradas indiferentes.
Al fin, todo termina aqui, en el constante batir de olas, que con paciencia ha desintegrado todo lo que ha sucumbido ante el encanto de su murmullo.
Tenemos uñas y dientes, pero ya olvidamos para lo que sirven. Tan solo tenemos que voltear al mar para recordar. El agua viene y va y desgarra la tierra. Nunca da lo mismo que toma. La escencia del cambio.
Fracciones minúsculas de otros seres vivos casualmente nos componen como unidad. Si a este momento no le siguiera otro, y a ese, otro más, y otro después (inhala como si fuera la última vez, llena de aire todo lo que en ti esté vacío) esto sería la perfección.
Por un instante me crucé conmigo, con ese “yo” que ya viene de regreso. Ya murió, ya envejeció, ya creció, y ahora solo le queda nacer. Nos vimos de frente y no tuvimos nada que decirnos.

Extraños seres los sonidos. Se pasean por ahí sin nada que hacer. Van delineando a los objetos, sintiendo como se desgastan contra su inútil materialidad. Aún las partículas en el aire los atenúan. Que muerte tan estúpida. Deambulando sin propósito y extinguiéndose para siempre. ¿O quedará algún rastro de cada sonido que ha existido? Tan solo un eco, una vibración perpetua. ¿Será que tan sólo nuestros oídos no pueden escuchar la resonancia fósil? Alguna vez existió una especie capaz de hacerlo. Su extinción seguramente se debió a la incapacidad de soportar esa carga.

Let’s all meet up in the year 2000. Won’t it be strange when we’re all fully grown…

Let’s all meet up in the year 2000. Won’t it be strange when we’re all fully grown…